Dios ha resucitado
Una remontada épica en 11 minutos permite levantar un 0-2 a Argentina y mantiene vivo a Messi, que participó con una asistencia y el gol del empate. Enzo marcó el definitivo en el 92′.
Un regalo del fútbol a Messi, y de Messi al fútbol, una remontada colosal, un desenlace que es historia de los Mundiales, condujo a Argentina a cuartos en un partido inolvidable, una proeza que vuelve a situar a su líder en el Olimpo y a Enzo Fernández, el autor del último gol en el 92′, en lo más alto de este maravilloso deporte.
En once minutos le dio la vuelta la Albiceleste a su propio funeral, al de Messi también, que al séptimo día, como Jesucristo, como lo que muchos le consideran a nivel futbolístico, resucitó y resucitó a todo un país.
Argentina volvió a caminar por el alambre. Como un funambulista, todo lo que podía conllevar un riesgo se fue sucediendo. El gol en contra madrugador de Ibrahim, el penalti fallado por Messi, las paradas de Shobeir a Julián Alvarez, el grado de desesperación en el que poco a poco fue sumiéndose.
Algo ha cambiado respecto a la campeona en Qatar, algo peligroso. Lo que entonces era un bloque firme en sus convicciones incluso cuando las cosas no funcionaban es en este Mundial un mar de dudas, empezando por el banquillo, continuando por algunas pesos pesados y afectando más de lo habitual a Messi.
La realidad es que futbolistas que salieron de Europa como De Paul o Paredes no pueden ser relevantes en una selección que aspira a ser la mejor mundo. El cambio de sistema, la modificación de futbolistas, tampoco transformó el rostro argentina. Dio lo mismo alterar planes porque el único plan de Argentina consiste, en realidad, es que Messi esté acertado.
Incluso él puede tener momentos críticos, como le ocurrió al fallar el penalti que hubiera supuesto el empate poco antes del gol egipcio. Conviene destacar de esta acción el buen cabezazo de Ibrahim, pero también el despiste de Lisandro al cerrar la marca. Estaba siendo muy riguroso durante el Mundial, pero el gol le retrató como nunca antes el torneo.
Argentina tocó arrebato, una vez más, demasiadas ya, para levantar una situación más grave incluso que la que le tocó afrontar ante Cabo Verde. Con la intranquilidad que supone verse fuera del torneo, hasta Messi pareció humano. Tras un penalti claro cometido sobre Tagliafico, Leo cogió la pelota y disparó con fuerza a la zona de seguridad de los zurdos, pero se encontró con Shobeir. Segundo penalti fallado en cinco partidos.
Entre ese manojo de nervios también hubo protagonismo para Julián Alvarez. Suya fue la ocasión más clara tras otra buena incorporación de Tagliafico, pero de nuevo apareció Shobeir para desbaratarla de aquella manera. Pintaba a heroicidad lo de Egipto, a tratar de resistir como pudiera al empuje que desde entonces y sin descanso le llevó a buscar agarrarse a la vida.
Argentina, a corazón abierto, sin más sangre que la blanca y celeste de su camiseta, sin más gasolina que la que le dio su hinchada desde la grada, saltó al vacío sin red, agonizó a lomos de un Messi solitario, del Messi heroico de las mejores noches.
Estuvo técnicamente muerta Argentina cuando Ziko anotó el 0-2 tras una jugada antológica de Hassan, el Rivaldo del Oviedo. Le salvó el VAR por un pisotón en el otro extremo del campo a Lisandro, fútbol moderno, pues se rebobinó la jugada hasta llegar al mismísimo origen de la misma.
Problemas
Fue la constatación de que a tumba abierta y con un equipo de trotones con el que correr hacia atrás, en cualquier momento podía llegar la tragedia para Argentina. Ocurrió en un córner a favor. El retroceso argentino fue insuficiente para la calidad de los ejecutores egipcio. Salah puso la luz con su conducción, Hassan el desequilibrio con su último regate y pase, y Ziko la pegada con un remate leyendo la jugada desde atrás. Un golpe a la lógica y al sistema, a un país y a su leyenda.
Pero Messi es Messi. No iba a permitir que la historia la escribieran otros por él. Argentina tuvo el coraje de no entregarse. Si el amor propio contara en vez del fútbol, esta nación tendría muchos más Mundiales que tres. Si los huevos además de marketing supusieran títulos, los argentinos serían invencibles.
En una situación crítica, en un coma del que nadie sale salvo unos pocos, con el mundo frotándose los ojos y Scaloni tirando la casa por la ventana con los cambios, Messi le dio la vuelta a la historia como tantas veces hizo. Necesitó dos pinceladas, dos chispazos. En cuatro minutos el planeta sufrió un revolcón provocado por su zurda.
Primero puso un balón medido al Cuti Romero para que su cabezazo alimentara la esperanza de la remontada. En pleno alboroto, fue él mismo quien se encargó de empatar con un zurdazo que tocó en el portero y en el larguero, pero que entró como demostrando al mundo que a las leyendas siempre se les da una vida extra.
Quedaba la traca final. Una contragolpe iniciado por Julián con un pase largo a Lautaro se transformó en un centro al área que aprovechó Enzo Fernández, el llegador entre los llegadores. Lo vio todo Messi como quien acaricia un gato. El fútbol es suyo y el Mundial, de momento, también. Estuvo muerto, pero ha resucitado. Dios ha resucitado.
FUENTE: https://as.com/futbol/mundial/dios-ha-resucitado-f202607-n/?omnil=mod_resul