Proeza amarga de Mbappé
Se equivocaban aquellos que decían que el partido por el tercer y cuarto puesto del Mundial no sirve para nada. Sirve, por ejemplo, para despedir para siempre a un equipo diseñado para ganarlo todo y que se va con dos títulos de siete disputados, el de Deschamps; y también para que Mbappé entre en la historia por sus goles, no por sus títulos, aunque esta vez lo sitúan en el Olimpo como máximo artillero de siempre en los Mundiales, ni más ni menos.
Todo eso ocurrió en un partido loco, absolutamente descontrolado por el hecho de no tener influencia real clasificatoria. Fue más divertido de lo que los propios protagonistas lo habían vendido. Inglaterra aniquiló a Francia en un primer tiempo que demostró el hundimiento anímico de los franceses tras España. Concedieron uno de los resultados más sonrojantes al descanso de la historia de Francia en los Mundiales: 0-4 en 45 minutos. Sin embargo, la reacción gala y los goles de Mbappé dieron emoción y un carácter histórico a una segunda mitad trepidante.
Inglaterra, que también necesitaba supurar las heridas tras la forma en la que cayó ante Argentina, salió decidida a resarcirse, aunque para ello dejara a Kane y Bellingham en el banquillo. Rice fue el protagonista con un buen gol tras una conducción y una asistencia en un corner a Konsa. En plena hemorragia gala, Saka hizo trizas a la defensa rival con otros dos tantos que hacían presagiar un terremoto para Francia.
Sin embargo, el partido anti-partido, el que únicamente sirve para engordar estadísticas, derivó en una reacción francesa con la que se fueron rompiendo todo tipo de récords. Para empezar, el de Mbappé, que logró un doblete que le convierte, con 22, en el máximo anotador en la historia de los Mundiales superando a Messi. Aquello para lo que destinó sus esfuerzos una vez eliminado, poder instalarse en lo más alto de los goleadores del torneo, estaba conseguido. También Olise encontró su recompensa con dos asistencias con las que se situó en siete en el Mundial superando las seis de Pelé en 1970.
Casi por inercia de sus propios récords, Francia se vio ante la posibilidad de igualar un partido disparatado, sin control alguno, una especie de exhibición cuyas estadísticas cuentan. Pero, también para edulcorar un Mundial que en realidad ha sido bastante flojo, Saka sentenció con un hat-trick de penalti. La historia se acabó con un golazo antológico de Bellingham y el premio de consolación para los ingleses al ser terceros y para Mbappé por su récord.
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